Rodolfo Walsh, argentino de origen irlandés, nació en la provincia de Río Negro en 1927. A los 14 años se trasladó a Buenos Aires para cursar sus estudios secundarios, y poco después, cuando recién comenzaba sus estudios de filosofía y letras, obtuvo un empleo como corrector en una editorial.
Esta época no fue fácil para él, y tuvo que emplearse en multitud de oficios para salir adelante. Pero pese a trabajar de friegaplatos, limpiador de ventanas, u obrero, no consiguió costearse los estudios y tuvo que abandonar la carrera que cursaba.
Sin embargo, la vocación literaria ya se había instalado en él desde su paso por aquella editorial, y en 1951, logro un empleo en Hachette, que por entonces editaba las revistas Leoplán y Vea y Lea.
A Walsh le tocó vivir una época convulsa, en toda Latinoamérica y especialmente en su país, y él mismo se involucró activamente en diversas corrientes políticas. Sin ir más lejos, en 1959 fue uno de los periodistas que viajó a Cuba para participar en la creación de la agencia de noticias Prensa Latina, una iniciativa personal del Che Guevara.
Todo esto se refleja en su obra, en la que encontramos tanto cuentos policiales, como novelas de no-ficción, al estilo de Truman Capote en A Sangre Fría. Estremecedor fue el relato que hizo con el testimonio de Juan Carlos Livraga, único sobreviviente de los fusilamientos clandestinos en el basural de José León Suárez: se referían a él como “el fusilado que vive”: “Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar y casi ni enterarse”. Finalmente consiguió publicarla en un pequeño diario nacionalista, y años más tarde, junto con las notas de su investigación, en una obra titulada Operación Masacre.
Fue este género, denominado “periodismo narrativo” o “novela testimonio” el que hizo famoso a Walsh, con títulos como Quién mató a Rosendo, Casa Satanowsky, y la citada Operación Masacre.
En 1976, a causa de la censura impuesta por la dictadura militar, Walsh creó la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA). Ese mismo año, su hija, militante en los Montoneros, murió en un enfrentamiento con la policía, prefiriendo suicidarse cuando se vio acorralada.
Un fin similar tuvo el propio Walsh apenas un año después. El 24 de marzo de 1977 envió su Carta abierta de un Escritor a la Junta Militar, en la que denunciaba el terrorismo de estado. Al día siguiente, un pelotón especializado intentó detenerlo. Sabiendo que ese sería su fin, Walsh se parapetó tras un árbol, desenfundó su arma, y ofreció toda la resistencia que fue capaz, incluso cuando ya estaba herido de muerte. Su cuerpo nunca fue recuperado.
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